No ha existido una institución más perfecta haciendo lo contrario de lo que predica, de esto son portavoces los obispos. Históricamente, la Iglesia se ha caracterizado más por lo que ha odiado que por lo que ha amado. En contra de su fundador, se ha pasado toda la vida condenando a tres cuartas partes de la humanidad, especialmente a los ateos, a quienes ni siquiera considera humanos (Benedicto XVI dixit).


