El movimiento libertario mantuvo en el exilio el pulso de sus organizaciones, aunque con un pesado lastre de enfrentamientos internos. La división entre «puristas» y «colaboracionistas» condicionó los debates de posguerra. Se fue generando una red de contactos, publicaciones, ateneos, encuentros internacionales etc., que la dirección cenetista en Toulouse quiso centralizar jugando un papel entorpecedor y paralizante.