El reflejo de una persona viva y fructífera que apenas cabe en la obligada estrechez de la cárcel será con lo que se encuentre el lector. Mazmorras ajenas y vacías, soledad inevitable, el compromiso hacia la lucha, la importancia de la amistad… En ese mundo irreal de cemento apartado de la naturaleza, nada es parecido o igual que en la calle: el preso tendrá que aprender las medidas surrealistas de la prisión si quiere sobrevivir, y eso es lo que intentará Urtzi transmitir al lector mediante este libro.